Un incendio por una mayonesa (y la lección que deja a cualquier negocio)

10 febrero, 2026

Parece un chiste. Pero no lo es.

Un hombre entra en una cafetería de un pueblo de Sevilla. Pide unas cervezas, unos montaditos… y mayonesa.
No hay.
Sale, cruza a la gasolinera de enfrente, vuelve con una botella llena de gasolina y prende fuego al bar. ¡Todo por una mayonesa!

El incendio se apaga rápido. Por suerte, no hay heridos graves. Los daños materiales se calculan entre 7.000 y 10.000 euros. El bar consigue reabrir en tiempo récord.

Y aquí viene la pregunta incómoda que casi nadie se hace… ¿qué habría pasado si ese bar hubiera tenido que cerrar un mes? Porque un incendio no solo quema paredes, mobiliario o maquinaria en un negocio. Quema ingresos.

Durante un cierre forzoso siguen llegando los gastos: alquiler, suministros, nóminas, cuotas, impuestos. Pero no entra un euro por la caja.

Ahí es donde muchos negocios descubren, demasiado tarde, que su seguro solo cubría los daños materiales, pero no la pérdida de beneficios.

El lucro cesante, que es así como se denomina, existe justo para eso: para compensar los ingresos que dejas de generar mientras tu negocio no puede abrir, y ayudarte a seguir pagando lo que no se detiene, aunque la persiana esté bajada.

Incendios, inundaciones, daños eléctricos, obras en la vía pública que bloquean el acceso a tu local durante días… Si no puedes trabajar, el golpe económico puede ser letal.

Ningún empresario piensa que su negocio va a arder por una mayonesa. Pero todos saben que un mes sin ingresos puede ponerlo contra las cuerdas.

Y de eso va realmente este seguro: no de cubrir lo improbable, sino de garantizar que un imprevisto no se lleve por delante años de trabajo.

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